PARTE 2: UN FACTOR EXTERNO PARA VARIAR EL PROCESO.

-¡Llamada a filas para Jaulen Mayoral! – un mozo mensajero entra a la sala agitando una carta oficial del Ministerio de Fronteras- ¡Llamada a filas para Jaulen Mayoral! ¡El Ministerio reclama su presencia inmediata en los cuarteles delegados del noreste para una actuación defensiva!

Jaulen deja de respirar entrecortadamente y en cambio comienza a hacerlo con alivio, casi suspirando. Las Filas Defensivas ya fueron su salvación dos años antes, cuando estaba a punto de acabar con una vida vacía como la que sentía que era la suya, y finalmente se alistó voluntariamente para una acción ofensiva contra la nación enemiga del noreste. Matar realmente no mató, ni ganas que tenía. Pero el horario fijo, las pautas a seguir sin cuestionar y el trabajo contra el objetivo enemigo le otorgaron un orden mental y vital del que, en realidad, siempre había carecido. El final de aquella acción ofensiva significó también el final de aquel paraíso vacío de pensamientos y lleno de acción para él, y su cabeza volvió a hervir como carne en caldero, llena de ideas cuestionadoras con el sistema en el que le había tocado vivir, acabando por desear que sus padres nunca se hubieran conocido, nunca hubieran juntado sus vidas y sus cuerpos, y nunca hubieran creado a un ser tan fuera de lugar como él.-

Acérquese y deme ese papel – responde el veterano del Tribunal al mozo-.

El mozo mensajero obedece y le entrega la carta. Se retira a un lado, el veterano la lee, una, tal vez dos veces. Mira a Jaulen, y hace que el papel oficial pase por todos los miembros del Tribunal de la Última Carta. Todos asienten y el secretario parece dispuesto a volver a teclear frenéticamente en cualquier momento para dejar redactado para la eternidad todo lo que ocurría y se decidía en aquella sala. El veterano del Tribunal vuelve a dirigirse al mozo mensajero.

-Mozo, acérquele la carta al señor Jaulen Mayoral.

El mozo mensajero está a punto de contestarle y desobedecer: no es ésa su función ni tiene obligación de cumplir órdenes fuera de su reglamento. Le ha dolido también al mozo que el veterano del Tribunal no se lo haya pedido por favor, que haya entonado la orden con la altivez del que da por hecho que desde su posición puede ordenar y conseguir cualquier cosa. Pero se reprime porque sabe que, aún llevando razón, una respuesta como la que quería dar no le traería más que problemas, obstáculos para llegar a su objetivo laboral final: escalar y quemar etapas hasta conseguir ser, como mínimo, un cómodo y resguardado secretario del Tribunal. De cualquiera de los tribunales que rigen el día a día de esta indeterminada pero cercana sociedad. Así que se la acerca a Jaulen Mayoral. Feroti mira a todos con cara de no entender nada, aunque ya tiene edad de empezar a entenderlo todo. Vinicio sigue cociendo su carne, ya completamente blanca y guisada por las capas más externas, en la planta de abajo. Jaulen lee precipitadamente la carta una vez, con un poco más de atención dos. Sí, es una llamada a filas para una acción defensiva: sus datos quedaron guardados en la base de acuartelamiento nacional como disponible para ser llamado a actuar en cualquier momento, en cualquier situación, y ese momento ha llegado. De forma urgente además, así que tal vez esta mala situación bélica por la que de nuevo pasa la nación, sea para él su salvación. Salvación para la sentencia, salvación para tener que ayudar al alma de Vinicio a transitar hacia un más allá mejor a través del masticado y la digestión. Una tradición intocable más de las muchas que Jaulen nunca ha comprendido, por mucho que su familia en casa y sus profesores de Política Religiosa y Moral se lo intentaron explicar primero, imponer después. Al mozo mensajero tampoco le cuadra esta norma, pero no piensa cuestionarse nada si eso le supone un problema en su escalada profesional. Si alguna vez le toca fagotizar, sabe bien qué sustancia legal, alterada ilegalmente, ha de utilizar para colocarse y cumplir esa última voluntad sin apenas darse cuenta, y listo. Pero Jaulen y el mozo mensajero tienen prohibido hablar entre ellos, así que Jaulen Mayoral nunca podrá averiguar que existe esa vía para pasar el mal trago. Y tampoco el joven Feroti, que no dice ni palabra porque también ha sentido siempre pavor y repugnancia a que llegase el momento de convertirse en un facilitador del tránsito del alma y ve en esta ocasión, en las mandíbulas de Jaulen, la ocasión de librarse al menos esta vez.

-Si la llamada a filas es urgente, el señor Mayoral ha de partir inmediatamente.

El veterano del Tribunal habla y tiene claro qué es lo que sucede y también parece tener clara su decisión. Pero hay un problema.

-Pero la última voluntad de Vinicio Mayoral está ya marchando – habla el segundo más veterano-, la llamada será urgente y el joven deberá atenderla, pero el cuerpo de su abuelo ya está en el caldero y ha de ser fagocitado. El alma de ese hombre ha de transitar en los plazos.

-Si este debate no se soluciona en plazos y además el joven Jaulen Mayoral se marcha a servir, esto no será posible. Y ya sabemos lo que puede suceder si Vinicio Mayoral no es debidamente fagocitado.

-Su alma no transitará, y podrá tomar los movimientos y hasta la conciencia de aquel que fue inicialmente elegido, es decir, el pequeño Feroti Mayoral – señala el tercer mayor del Tribunal a Feroti, que abre los ojos atemorizado ante esa expectativa, todavía sin hablar-.

Jaulen Mayoral pone los ojos en blanco disimuladamente. Si de algo está seguro, es de que esa premisa, esa especie de maldición absurda y socialmente aceptada, no puede nunca hacerse realidad. Pero igual que el mozo mensajero sabía que no podía responder al más veterano de la sala a pesar de tener razón, Jaulen tiene claro que en absoluto, jamás, bajo peligro de morir fagotizado en vivo, puede opinar en esta materia ni cuestionar una creencia como ésa.

Así que solo le queda esperar en silencio a que el Tribunal dilucide qué hacer, con la esperanza de que esa decisión sea la de dar cumplimiento a la llamada urgente para acudir a filas, y no la de comer urgentemente la carne de Vinicio Mayoral para cumplir con su deber, justo antes de responder a esa llamada en los cuarteles para cumplir con su deber. Le resultaría digestiva y moralmente insoportable.

Las capas superficiales de la carne de Vincio Mayoral están empezando a desprenderse y la pimienta y el romero ya suben inundando por completo de ese olor la sala del Tribunal. El mismo Tribunal debate en susurros, el mozo mensajero espera impaciente a que alguien recuerde que ha de firmar la orden de entrega y el secretario aguarda con los dedos sobre el teclado porque no puede oír qué es lo que dicen y qué tiene que teclear. Feroti y Jaulen se muerden el labio y se retuercen los labios a la par, con los mismos gestos y la misma fuerza. El abogado defensor que debía acudir para ayudar a Jaulen en el debate no ha aparecido todavía y de nuevo, entre el tenso silencio, se cuela el sonido del pomo de la puerta de la sala girar.